Es curiosa una imagen que anota Theodor W. Adorno en su libro Sueños (traducción española de Traumprotokolle que se distribuyó hace poco en Buenos Aires). Sobre Goethe, observa (o sueña) que "dotó al lenguaje de tanta tierra que la fuerza de gravedad de ésta se hundía y revelaba el contenido". Me parece notable la idea de una lengua cuya fuerza excesiva obliga a su propia extinción para revelar algo que, en lenguas más débiles, permanecería sin embargo oculto. Tal vez podría predicarse lo mismo de la prosa de Adorno.
El último disco de la mezzo argentina Bernarda Fink, dedicado a lieder de Schubert, fue elegido como la grabación de canto del año. Dada la noticia y la época del año, nos pareció oportuno subir "Schlafe, mein Liebster", del Oratorio de Navidad, de Bach, en el que canta ella y dirige Gardiner.
En las próximas semanas, llegará a Buenos Aires el disco Gulda plays Bach (Deutsche Grammophon) que recoge grabaciones inéditas del pianista Friedrich Gulda entre las que está su propia obra Prelude and Fugue, a mitad de camino entre Bach y el jazz. Mientras tanto va esta muestra.
La crítica que Anthony Tommasini escribió para el New York Times da algunas claves para intuir Interventions, la obra para piano y orquesta de Elliott Carter que James Levine y Daniel Barenboim presentaron en el Carnegie Hall. Según su testimonio, Carter no escribió un típico y previsible concierto en el que piano domina a la orquesta: la orquesta y el piano mantienen aparentemente una relación de igualdad. Barenboim recurre a la metáfora de una reunión social: el piano es como un invitado que se entromete en una reunión poblada de gente que charla y concentra la atención. Pero lo más notable de la crítica de Tommasini es la descripción de la entrada del piano: "La primera intervención del piano es un solo prolongado y volátil, con erupciones de acordes y frenéticas corridas por el teclado, como si fuera la versión de Elliott Carter de un solo del pianista de jazz McCoy Tyner."
En otro orden se cosas (en el mismo orden de cosas), en The Guardian, Tom Service hace una acertada recomendación con algunas obras para empezar a escuchar a Carter (tal vez falte en esa lista la Sinfonía para tres orquestas).
Durante mucho tiempo, Roland Barthes insistió en sus seminarios sobre la voz del barítono suizo Charles Panzera. En su texto "El grano de la voz", oponía, y sobre todo prefería, la voz de Panzera (con "grano", siguiendo el símil fotográfico) a la de Dietrich Fischer-Dieskau. No conocí a nadie que hubiera escuchado a Panzera. Ni yo, hasta ahora, lo había escuchado jamás. Edgardo Cozarinsky, que estuvo en los seminarios de Barthes, me dijo una vez que creía haberlo visto en el Teatro Colón, en una puesta de Pelléas et Melisande, de Claude Debussy, pero tiempo después me escribió por mail que se había confundido con otro cantante. Hoy, Pedro B. Rey me pasó este video que descubrió en You Tube. Se trata de una prueba de que Barthes estaba acaso equivocado: la voz de Panzera no tenía grano.
El Boston Globe entrevistó al compositor Elliott Carter, que mañana cumple cien años. Entre otras cosas, cuenta lo siguiente sobre sus estudios en el período de posguerra (post Primera Guerra, claro) en Harvard: "Seguí un curso bastante sólido de armonía con Walter Spalding (jefe del departamento de música de Harvard) y lo primero que hizo en sus clases fue darnos una melodía para que la armonizáramos. Yo la armonicé como Schönberg. Cuando los demás vieron eso, se rieron muchísimo. Entonces decidí que sería un poco más seguro estudiar literatura inglesa."
Más allá de la curiosa (por no decir extravagante) convocatoria global a formar parte de la You Tube Symphonie Orchestra que se anunció el lunes, hay que decir que esta obra, A Symphony for You Tube, del chino Tan Dun es una de las cosas musicalmente más indigentes que escuché en el último tiempo. Suena como un relente de la Heroica de Beethoven filtrado por la tradición china y adecentado para su uso eventual uso cinematográfico. Vale la pena escuchar las explicaciones concretistas del compositor. Si se trataba de una broma, no la entendí. Por otro lado, lamentablemente, descreo de estos proyectos espectaculares. Yo paso, gracias.
Hace unos días, en una charla casual en el programa de radio Estudio de noche, se comentó el ingrato segundo plano en el que solían quedar los pianistas acompañantes. Comenté allí que cuando el instrumentista en cuestión es un pianista consumado y por derecho propio, ese lugar secundario pasa a primer plano y el pianista acompañante deviene protagonista. Uno de ellos, acaso el más eminente de todos, es Jörg Demus, socio de Dietrich Fischer-Dieskau y Elisabeth Schwarzkopf en muchas versiones de referencia de lieder y canciones de cámara de Schubert, Liszt, Schumann y Hugo Wolf. Demus cumple 80 años y dará un concierto en el Musikverein con su amigo Paul Badura-Skoda, con quien comparte además la pasión por el coleccionismo de pianos.
Daniel Barenboim debuta hoy en la Metropolitan Opera House con la dirección de Tristán e Isolda, de Richard Wagner. Anticipando su debut, el New York Times publicó hace unos cuantos días un muy buen artículo sobre el tema. Barenboim dará además un recital con obras para piano de Liszt y, lo que posiblemente sea lo más importante de todo, ofrecerá el estreno mundial, en el Carnegie Hall y con la Boston Symphony Orchestra dirigida por James Levine, de Interventions, obra para piano y orquesta de Elliott Carter, que el 11 de diciembre cumplirá 100 años. Y a propósito de esto último, que yo sepa, nadie en Buenos Aires, salvo Elena Bashkirova en su concierto para el Mozarteum Argentino, se interesó en tocar o programar música de Carter. Si soy injusto en el señalamiento de la injusticia, por favor avísenme.
En un número del Times Literary Supplement de hace unas semanas, que leí un poco tarde, en estos días, Charles Rosen comenta el libro After the Golde Age. Romantic pianism and modern performance, de Kenneth Hamilton, y empieza su nota con una observación notable: "La práctica de la ejecución es una rama admirablemente especulativa de la musicología con un costado eminentemente práctico: descubre cómo se tocó la música del pasado y nos ayuda a interpretarla hoy." La frase es singularmente ajustada para el propio Rosen, que, en su doble condición de pianista y musicólogo, piensa en buena medida desde los dedos.
El último número de la revista Grammophone incluye un diálogo (o entrevista mutua) entre los pianistas y viejos conocidos Martha Argerich y Stephen Kovacevich. Esta es una muestra mínima de un texto interesantísimo: MARTHA ARGERICH: "Siempre que voy a un concierto, miro a la gente y pienso que ellos ya terminaron su trabajo y que están libres..." STEPHEN KOVACEVICH: "...¡para ir al cine!". MA: "Sí, al cine. Y pienso: ´¡Yo también quiero!´. Siempre quiero ir al cine. No a mi concierto. Nunca pienso: ´Voy a tocar la sonata de Liszt, es extraordinaria, la toco maravillosamente y no puedo esperar para compartirla con el público´. Nunca".
(Foto: Ralph Seghers)
Los blogs de The Guardian están entre los mejores de los diarios del mundo. Personalmente, sigo los de música y, sobre todo, el de Tom Service, dedicado a la música clásica. Hoy sin embargo, me detuve en un post de John Fordham, que, a propósito de una actuación del Kurt Elling, se pregunta: "¿Cuán importantes son las letras de las canciones en el jazz?" Recordé que Lester Young decía que siempre recordardaba la letra de un standard cuando lo tocaba en el saxo, y que Bill Evans, en cambio, no recordaba una palabra (acaso era al revés, Young olvidaba y Evans recordaba y el que recuerda mal soy yo, pero no creo). En el jazz (a menos que se sea Billie Holiday, Abbey Lincoln o Sheila Jordan, claro), las letras de las canciones son un obstáculo para la improvisación. Tal vez sea esa una de las razones por las que algunos espectáculos de jazz con cantantes suelen derivar, por lo menos para mí, en un tedio más o menos placentero o más o menos irritante, según los casos. Lo dicho, desde ya, no vale para cantantes de otros géneros. Se trata, en el fondo, de una cuestión de expectativa.
Después de su conflictiva salida del cargo de intendente de la Staatsoper Unter den Linden, Mussbach abrió un nuevo frente de combate con esa institución de Berlín. Varios de los principales medios alemanes recogen la noticia de que Mussbach decidió retirar su nombre como autor del libreto de Hölderlin/Eine Expedition, ópera con música de Peter Ruzicka. Alega que se adulteraron "aspectos esenciales" de su texto, y culpa al régisseur.
Después de muchas versiones incumplidas sobre posibles compradores, cerró, por lo menos momentánemente, la editorial Interzona. Hoy a la mañana, varios periodistas recibieron un mail, firmado por "Interzona Editora S. A." (y no por su editor Damián Tabarovsky), que dice, entre otras cosas, lo siguiente: "Interzona ha vivido un proceso de crecimiento acelerado. La Interzona de su fundación en 2002 es muy diferente de la actual. Pero, al mismo tiempo que adquirió un prestigio y presencia, no alcanzó punto de equilibrio. Pese a los esfuerzos de todos los que participamos en el proyecto, Interzona no logró cubrir sus costos. Detener la producción editorial es una decisión difícil de tomar, pero lo hacemos con la intención de encontrar la plataforma cuya estructura de producción y distribución permita dar el crecimiento que Interzona demanda. Una plataforma que garantice la calidad editorial en los términos que Interzona recreó, con mucho trabajó y buenos deseos."
A propósito de su último concierto, el 18 de diciembre en Viena, Die Zeit publicó una larga e interesante entrevista con Alfred Brendel. Cuando le preguntan con qué gesto se retirará del escenario, el pianista responde: "Sin gestos. Siempre estuve en contra de la gestualidad. Y en contra de las falsas ceremonias. Me gustaría algo más discreto y decir: fue el último concierto, se acabó".
Suele hablarse del estilo tardío y de la obra tardía de los compositores; también podría hablarse del estilo tardío de los pianistas o, más bien, del repertorio tardío de algunos pianistas. A principios de este año, la revista Clásica (España) publicó una entrevista en la que se le preguntaba a Maurizio Pollini justamente sobre esta cuestión. El pianista mencionaba allí a Chopin (que, en su caso, no es nada tardío) y a Mozart. Esta nota vuelve ahora sobre el estilo tardío, y su autor, Werner Theurich, llega a la siguiente conclusión: "Se podría felicitar a Pollini: realmente, su estilo tardío no consiste en flotar en las alturas de virtuosismo, pero está más cerca que nunca de la pura música desprovista de coquetería y vanidad".
En un interesante artículo, Colm Tóibín compara las vidas del escritor James Baldwin y de Barack Obama. O, mejor dicho, compara no tanto sus vidas como la manera de contar sus vidas en las autobiografías Notes of a Native Son (1951) y Dreams from My Father (1995), de Baldwin y Obama, respectivamente. De hecho, ambos libros empiezan con la muerte de sus padres. Me pregunto cuál podría ser el símil literario de John McCain.
En este sitio, hay grabaciones históricas de la Wiener Symphoniker de los años 1952-1955. Entre ellas, la del Orfeo de Monteverdi dirigido por Paul Hindemith (hay también un testimonio del propio Hindemith) que marcó la primera presentación del "Concentus musicus" de Nikolaus Harnoncourt.
The Guardian se acordó del aniversario de Nikolai Rimksy-Korsakov, postergado por las luminarias de Messiaen y Vaughan Williams. Además de sus propias obras, se le deben a Rimsky-Korsakov una discutible y acaso genial reorquestación de la ópera Boris Godunov, de Mussorgsky, y, lisa y llanamente, una parte no menor de la primera época de Stravinsky.
La noticia de que el baterista Marky Ramone ofreció hace unos cuantos días un show privado en el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) auspiciado por una marca de zapatillas excede las posibilidades de este modesto blog e implicaría una larga discusión acerca de qué tipo de teatro debe ser el Colón (estatal, como los europeos, o mixto como algunos estadounidenses). Baste decir que resulta imposible desentenderse del escandaloso poderío simbólico de que un teatro cuya sala principal está cerrada y cuyo centro de experimentación terminó sus actividades hace semanas se abriera para un show de semejantes características. La estructura del CETC (lugar sobre el que ya opinamos) viene siendo afectada ya hace tiempo por malas decisiones institucionales y la reducción de su espacio a instancias de la creación de un museo de la ópera.
PABLO GIANERA